Texto presentación de “Mariposas negras” y “Paola”
de
Ana María Strahm
Es la descripción de un trauma socio-cultural ke acontece cuando un habitante del campo se desarraiga de su mundo verde y mitológico para habitar los negro-azulados espectros urbanos.
El protagonista -una planta fuerte pero delicada, en la bella escritura poétika del texto de Ana Strahm- sueña nostálgico con el mundo amable y conocido ke ha tenido ke abandonar por los imperatibos de la maquinaria-burocrática. Imagina veleidosamente inmóvil -como un clown becketiano posmo- alucinaciones nativas rondando su tristeza tiesa y titiritesca. Su única libertad: las ensoñaciones de su edad, adulta para servir a la patria pero aún no coloreada por la maduración para enfrentar los monstruos de la urbe fría y distante.
La estructura minimalista es casi un guión para un cortometraje.
Dos protagonistas. Dos sexos. Uno inmóvil y el otro en movimiento. Se vichean, se huelen, se sienten, aunque no haya correspondencia entre los dos totalmente, son dos líneas paralelas ke -como no sabía Euclides- again se volverán a encontrarán en el infinito, sino en el de Hilbert al menos en el ke les ha preparado como un jergón de horror frau Strahm.
El género creo según mi modesto parecer es el del horror moderno, esa ke oculta lo siniestro o psicótico con la cáscara dulce y cándida de un caramelo cotidiano, mordido día a día en nuestras calles, paladeado en los corrillos del chismento, chupado en los blablablás de los periódikos…
Las mariposas negras del título del relato, (y ke lleva por su contundencia narrativa el título de esta colección de 3 textos ke inaugura la vena publicista de nuestra escritora) sufrirán, apenas eso les adelanto, una ultima y más ke meramente cromática, una mutación definitiva.
Completan la colección los relatos “Mambo negro” y “La vida es sueño”:
El primero de ellos es fruto de su trabajo en el taller del señor Casola, y el otro, de igual procedencia según los datos proveídos pro la autora, me suena ke pertenece más al territorio conceptual de Mariposas negras: el título refiere un sueño, y la historia, breve como una canción de cuna, una vez más esconde como el cogollo de la vida onírica un picor de horror. Tiene un no sé ke de historia soplada por la imaginería de un niño insomne, pillería de niño o niña en la línea del cuento para criaturas insomnes llamada Eduardo, Manos de tijeras.
No puedo entrometer mucha hermenéutica pues es muy breve y eficaz, ya lo leerán ustedes, pero este texto fue el del estímulo para pedir a Ana ke sus textos se publicaran en Felicita cartonera.
Todos sin excepción son breves, juegan con el ingenio y la reflexión aforística paradojal o moralizante.
El punto de vista femenino se acentúa en algunos, en otros es neutralizado por cierta sabiduría architextual común, pero en todos la música dominante es el cuidado del lenguaje, la precisión de las letras en su coreografía escrituraria hacia las metas del sentido y el placer. Surgen géneros o subgéneros antes no frecuentados por la autora: el biopic apoteósico de mujeres ke como ella son talentosas y muchas veces no son visibilizadas por alabarderos oficiales. Jamás hay miedo en Viveros para atravesar las fronteras predeterminadas de la narrativa ficticia estricta y el biopic periodístico. Lo importante es contar, ya con esta herramienta o hacerse de otras nuevas e inesperadas.
Mi texto preferido-lo bueno de hacer reseñas o presentaciones de libros es esto: la capacidad tiránica e insoslayable de influenciar kon ke se erige un particular sobre un grupo o círculo- es les decía “Diferencia social”. Su brevedad se carga de una sabiduría antigua engañosa, pero eso no nos importa sino su atrevimiento en aparecer akí como ñembo cuento o ficción: es cabalmente un pedazo de nuestro atesorado refranero popular con subido touch clasista, sanpedroguá, irónico, pero forever, parawayensis tenía ke ser, resignado, amóntemizado por años de mutilación silenciosa.
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